21 abril, 2011

Sin abrazos

Ella comprendió lo que era soledad cuando recostada, después de largos minutos de movimiento, alzó la cabeza y vio un espejo sobre sus cuerpos tibios.

La imagen se trazaba ideal para una película existencialista, llena de depresiones humanas. Dos cuerpos paralelos, una cama y respiros separados. Ella, que había esperado ese momento para preguntarle a él qué sentía, quedó en silencio. Las palabras sobraban, el reflejo era claro.

Él le dio la espalda, y se hizo al dormido. Ella se sentó en el borde de la cama y comenzó a buscar su ropa. Sabía que debía irse.

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