27 enero, 2013

Vacío


Mis manos ya no te tocan
cuando lo hacen me destruyen,
así como tu voz y los besos cerrados.
Me duele la cabeza de guardar lágrimas
los ojos y la frente ancha no aguantan el calor de fiebre.

Te alejo y ya no puedo conmigo,
menos contigo. 
Me deshago en celos de la tranquilidad con que vives
de los ojos que te miran y de los que te ignoran.
No aguanto tus letras, tu pasado
tus objetos que no son míos, ni tuyos
que vinieron de manos ajenas.

Tengo el vacío del universo negro
 y el sol no me salva.
La noche me hunde
-las noches son los días en los que más te extraño-,
los sueños me despiertan
y tu voz, mi salvación,
se aleja.

21 enero, 2013

Aprendizaje

Sabía lo que era el cuerpo de una niña. Por 11 años nos bañamos bajo el mismo sol y jugamos en la misma bañera. Ella desnuda y yo cubierto. El juego era más que el cuerpo. Sabía lo que era ser primo, hermano, amigo, sabía lo que era jalarle los cabellos, pero me asusté cuando despertó llorando porque tenía sangre seca en su ropa, por las nalgas.

A los 12 años dejamos la bañera, pusieron ducha en la casa, "por las wawas", decía la abuela. Extrañaba el juego, ella se distanciaba, yo jalaba sus cabellos, pero se iba y dejaba de patearme.

No sabía lo que era quedarnos en casa solos por la noche de sábado, mientras la abuela, mis papás y su mamá se iban a un matrimonio y verla dormí me obligaba a tocarla. No sabía lo que era hacerla despertar y que me viera con esos ojos de brillo nocturno, luego levantarse lentamente el camizón para mostrarme sus piernas morenas.

Dejé de saber, dejé el juego, dejé de confiar. No sabía lo que era verla besarse con un flaco cualquiera a unas cuadras de la casa y golpear rostros que nunca había visto. Ella lloraba y dejaba de hablarme por un tiempo.

No sabía lo que era sentir el silencio de la abuela dormida, que había dejado de ir a fiestas y matrimonios por salud, y aprovechaba yo de ir al cuarto de mi prima, hermana y amiga. La tocaba, ella se dejara tocar y me abría el pantalón. No sabía lo que eran capaces de hacer los cuerpos y de que los senos eran para ser adorados y besados suavemente.

Luego, comencé a saber y yo era quien la robaba de clases para besarla en barrios ajenos, donde confiaba que su madre, ni mis padres, ni la abuela nos verían.

No sabía lo que era hacerle el amor y que la abuela nos viera, y en la desesperación su corazón se detenga. No sabía lo que era mentir y levantar  el cuerpo de la abuela para que fingir que su muerte fue mientras todos dormíamos. Ella volvió a paterame, a darme golpes con los brazos, la abracé y lloramos juntos. Luego cada quien retornó a su recámara para forzar el sueño y dejar pasar el llanto.

Con los gritos de mis papás y su mamá al ver a la abuela, nuevamente comencé a saber, mientras mamá lloraba abrazada de mi prima, hermana, amiga y mujer.

17 enero, 2013

Sobre la cabeza de la niña que duerme
roncan los sonidos de la habitación
en la que se esconde el hombre oculto
bajo el recuerdo de su voz.