21 febrero, 2013

Carta

Sr. Luis,

Sus palabras viajan por el tobogán de los ojos y de los oídos (lo escucho). Van directo a mi corazón.
Quisiera comprender lo que hace con alguien. Su necesidad de conocer la intimidad de otras mujeres, el compartir fotos, frases, textos y canciones que hablan de amor. Quisiera saber si se desespera por ver un mail o recibir una llamada que no sea la mía, si manda poemas que gritan "¡la pienso, extraño, y, además, llueve!". Quisiera que no me afectase tanto, lo quisiera mucho, no sabe cuánto, pero duele. Quisiera que las palabras más bellas que nacen en su boca y de sus dedos llegasen solo a mí.
Haré que esto sea un momento. Si hago de esto mi vida seré Pizarnik, y de ella sólo amo sus letras, no su final. Sabe, usted, que siempre soñé con finales felices. Cuando beso su frente, pienso en que un día la besaré y su cabello será todo blanco. Ese día le regalaré la sonrisa más dulce.
Muchas canciones de amor y películas me hicieron mal. Quisiera no ser tan sensible, que la química y la psicología fuesen diferentes en mi ser. Quisiera, lejos de toda poesía, dejar de decir "quisiera" y saber amarlo más.
Lo que es, lo llevamos latente y oculto, entre sangre, carne, alma y huesos, al lado izquierdo del cuerpo y sólo se lo escucha con "lo primal del viento".

Je vous aim,
Andrea

19 febrero, 2013

Al recuerdo

Miércoles por la noche. Terminé el examen de Epistemología a las 19:30. El docente me detuvo antes de salir del aula para darme un pequeño presente: "Cantar de los Cantares" (Prólogo, preludio y traducción de Juan Araos Uzqueda), explicando en voz privada que el libro estaba hecho para leerlo "con un prójimo".


Entonces sentía mi rostro sonrojado, quería agradecerle con un rápido abrazo, pero habían muchos espectadores en aula que seguramente ya se andaban preguntando por qué un libro para mí, si mis notas no destacaban o llegaban a la altura del 100% como las de dos muchachos en la sala.

En todo caso, quise reír contigo esta alegría, mas mis llamadas fueron al viento. Recordé que no vi "Los amantes del Círculo Polar" porque también reservé la película para alguien y tengo guardados algunos tesoros más para ser compartidos. La vida me brinda Soledad y ya no sé si esperar a un prójimo... tal vez debería darme cuenta que debo aprender a leer, oler, caminar, dialogar, observar conmigo en mí. Y es que a ratos a esa señorita Soledad le gusta cavar lagunas.

No alcancé a darte el regalo navideño, menos el de Reyes... Tal vez tampoco llegues en julio como habíamos quedado y permanezcas en esa ciudad con tu familia (la curiosidad me está consumiendo, o mejor dicho, la incertidumbre).

Sólo espero que no vuelvas a olvidarte de mí tanto tiempo, que yo te tengo presente a las seis de la tarde.
Buena estadía en tus tierras,

quien alguna vez fue.

18 febrero, 2013

Dos frases en mente sobre el ir al cine, la primera: "dime con quién vas y te diré qué puedes hacer", y la segunda "dime dónde te sientas, cuántos hay en sala y te diré qué haces".

Hoy no te abrazo

No es que estés dormido
no es que tenga sueño,
no se trata de flojera
del dolor de espalda,
ni tampoco de tristezas
o que no es una noche de frío.

Hoy no te abrazo
porque hoy no te siento.

11 febrero, 2013

Deja

Años que no te veía llorar así, en la ducha. Sé que ahí lloran los desconsolados, yo también lo hice. Pareciera que la regadera acompañara el llanto. Pero qué te dije sobre los mensajes, no leas, no caigas como tu tía Rosa que luego llamó a tu mamá para que la ayude en sus decisiones. No hagas las escenas que criticabas de Alejandra, ni tampoco busques que él te lo cuente. Los hombres engañan en silencio por cobardes. Te arrojan pistas para volverte loca, luego escapan y te juzgan a ti por terminar la relación. No te tientes con su celular sobre la mesa, no lo hagas, él se dará cuenta y tu corazón terminará destrozado.

Lo hiciste pero, no me escuchaste y ahora lloras desconsoladamente. Si tan solo pudiera abrazarte. Comprendo tu curiosidad, comprendo tus inseguridades, las he conocido muy de cerca, pero no debías haber hecho eso, sabes que no. Ahora estás que no sé cómo calmarte.

Piensa en las eternidades de felicidad juntos, no en los sueños, son traicioneros, sé fuerte, levántate, vístete, verás que dejarás de llorar. Y olvida el celular, déjalo sobre la mesa, no toque esa piedra de fuego. Deja el engaño, bien sabemos las dos lo que realmente sientes.