20 noviembre, 2012

El vocero (9 años)

¡Ay, pero qué ch’iti! Con decirles que cuando la señorita subía al trufi le dijo "mentirosa, no vas al aeropuerto, estás yendo a la Ceja, clarito es". Su papá que manejaba lo miró para que callara y él volvió a repetir: “¡Clarito es!”.

Y tenía razón el chango. 

Él sabía cobrar los pasajes con una destreza y concentración única, para no equivocarse cobrara en orden, por filas, de la ventana izquierda a la derecha. Hablaba con los pasajeros y los hacía reír.

Recuerdo que cuando dos amigos cambas hicieron parar el trufi les dijo: "sólo hay para uno, "maya"… aj, pero ustedes, qué van a estar entendiendo aymara”.

Sorprendida estoy. ¡Ese ch’iti, sí que era capo!

29 octubre, 2012

26 agosto, 2012

Esperando los ojos de Luis

¿Dónde esconde la noche tus ojos?
Si se abrieran, estuvieran cubiertos en mis manos
y los arrojaría por la ventana cual travesura,
sólo para confundirlos con estrellas.

Vería cómo se van para unirse a ellas
pero las estrellas no son dulces, tus ojos sí,
entonces retornarían a mi ventana.

La noche los llevaría a pasear, lo sé,
los alejaría de mis manos
y comenzaría a jugar con ellos
frente a las luces de semáforos.

Los faros de las plazas sin almas
serían testigos del pasar de tus ojos.
Mis manos no llegan a la ciudad,
tus ojos viajan entre la luz artificial.

¿Dónde esconde la noche tus ojos?
Mis ojos ya ciegos
con las manos abiertas esperan tus ojos.
Tus ojos vuelven, el frío llega, se siente un amanecer,
me pongo tus ojos,
de día me toca ver.

21 mayo, 2012

El inicio es un párrafo

Era invierno cuando se conocieron. Lo recuerdo porque en esos días hacía tanto frío que hasta el sol se escapaba de la sombra. Para entonces él leía La Nausea y ella iba conociendo a Lispector. Tengo el clima en la piel, como a él bajo un árbol esperando por las clases y a Alejandra con gafas de sol, felizmente invisible. En aquellos días ellos cruzaron pocas palabras, palabras que, por cierto, los unieron y, aunque hay silencios, Alejandra hoy no para de contarle cuentos y espera acuciosamente los suyos.

20 abril, 2012

Escucha, amado mío, el silencio
con el que propongo revelar las claves de mi voz,
hay días donde las frases se esconden
y noches de silencioso cobijo.
Perdóname si no logro con las palabras,
 pero de silencio soy y en silencio existo.

26 marzo, 2012

Retorno

Ahora que Alejandra ama
sólo espera la luna delirante
y dormir sin pudor
por las nubes de las sábanas
donde Luis descansa.

25 marzo, 2012

Carta de amor

La culpa está en la boca
donde se hizo el pecado
y unas alas de fuego
fueron raíces de mi discurso.

No me disculpo,
prefiero evitar el círculo del arrepentimiento.

Escribo porque se me hace imposible hablar,
mi mayor deseo es contar con tu voz
retroceder el tiempo hasta el timbre del teléfono
y avanzar por aquellas aceras de septiembre.

Escribo porque ya no tengo palabras en la lengua
sólo sangre.

22 marzo, 2012

El día del beso líquido

Si te quiero es porque el olvido me lleva a los brazos tristes de la noche clarividente.
Caigo en el anuncio de un amanecer que parece inteligible
y es tu rostro el reflejo del sueño guardián de la cama.

Si te quiero es porque eres sin penar alguno, la tempestad que me atemoriza,
lo lejano en nuestro caos es la cordura del alma y lo más cercano es la cierra del ocaso,
el ocaso donde decidimos en las letras que se convierten en palabras sin sentido.

Es absurdo confiar en tu mirada desprevenida
pero esa es mi red y la cuerda donde entrego mi pulso
es tu tacto el que invita a hacerse dueño de mi piel.
Yo acepto y confío.

29 febrero, 2012

sms

“Lloro y no me gusta. Tengo los ojos hinchados y la cara deforme. Siempre fui llorona, pero no pensé que iba a llorar por ti. Me dueles, mas yo no quiero hacerte doler, no es lo que quiero. Yo quiero hacerte bien.”

Tachó lo escrito, era muy largo para mandárselo por el celular. Las palabras y el recuerdo dolían y el papel con el que se limpiaba la nariz tenía ya demasiados huecos, estaba húmedo y frío. “Maldito, me haces llorar”. No, era poco texto, pero terminaría causando más risa que demostrando lo que ella sentía. “Te odio” tampoco iba. No sentía odio, y si lo hiciera no se lo diría. Días atrás se dijeron “te amo”. No quería retractarse tan rápido. Si alguien iba a decir “ya no lo hago” no iba a ser ella.

Llamarlo tampoco resultaría fácil. ¿Qué decirle?, seguramente él ya se puso a trabajar, era fácil hacerlo, no se reprochaba por sus palabras, todas, de cierta manera, le parecían correctas. Ella lo sabía, él lo creía. Ella sabía que esta no sería la primera vez que algo así pasara. Ella no tenía “perdón” entre sus palabras. No esta vez, no le correspondía. Si alguien debiera disculparse, sería él.

“Haz lo que quieras, boludo”. Se puso el pijama, apagó el celular y se metió a la cama. Qué más daba, era un boludo.

03 enero, 2012

Tiempopmeit

Los días mueren y vuelven a nacer. La circularidad del tiempo no parece tener final ni siquiera lejano. Los sueños terminan y la vida comienza para que uno vuelva a dormir. El sol se esconde, la luna se hace visible y otra vez deja de estar para la posición de aquella masa amarilla medidora del tiempo. Entonces la vida se va y la muerte aparece, y por ciertas reglas naturales, parece que luego la vida volverá a ser, para que la muerte llegue de nuevo.
¿Existe el fin, entonces?