16 marzo, 2016

Caracol

Sus manos estaban siempre cerradas y sus pequeños dedos con ganas de tocar. Aún sobre la piel de ella, sus manos permanecían envueltas, parecía que nada podría abrir esos dedos que se enroscaban como caracol. Dedos introvertidos, desesperados de valentía.

Sus pequeñas manos inmóviles, tensas y húmedas la engañaron.

Empoesiada

Días azul
días de invierno a primavera
distante, a un mar de mí.

Ni la nieve me salva.
Soy una pintura de óleo
de aquella mujer cubierta de agua,
                 muerte poética de Wolf.

No. No pienso irme
sin antes volver.
No. No solo lo pienso.

Estos días de distancia
traen poesía
que me acoge
y me mata en rojo
sin sangre.