16 marzo, 2016

Caracol

Sus manos estaban siempre cerradas y sus pequeños dedos con ganas de tocar. Aún sobre la piel de ella, sus manos permanecían envueltas, parecía que nada podría abrir esos dedos que se enroscaban como caracol. Dedos introvertidos, desesperados de valentía.

Sus pequeñas manos inmóviles, tensas y húmedas la engañaron.

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