A los 12 años dejamos la bañera, pusieron ducha en la casa, "por las wawas", decía la abuela. Extrañaba el juego, ella se distanciaba, yo jalaba sus cabellos, pero se iba y dejaba de patearme.
No sabía lo que era quedarnos en casa solos por la noche de
sábado, mientras la abuela, mis papás y su mamá se iban a un matrimonio y
verla dormí me obligaba a tocarla. No sabía lo que era hacerla despertar y que me viera con esos ojos de brillo nocturno, luego levantarse lentamente el camizón para mostrarme sus piernas morenas.
Dejé de saber, dejé el juego, dejé de confiar. No sabía lo
que era verla besarse con un flaco cualquiera a unas cuadras de la casa y
golpear rostros que nunca había visto. Ella lloraba y dejaba de hablarme por un tiempo.
No sabía lo que era sentir el silencio de la abuela dormida, que había dejado de ir a fiestas y matrimonios por salud, y aprovechaba yo de ir al cuarto de mi prima, hermana y amiga. La tocaba, ella se dejara tocar y me abría el pantalón. No
sabía lo que eran capaces de hacer los cuerpos y de que los senos eran para ser adorados y besados suavemente.
Luego, comencé a saber y yo era quien la robaba de clases
para besarla en barrios ajenos, donde confiaba que su madre, ni mis padres, ni la abuela nos
verían.
No sabía lo que era hacerle el amor y que la abuela nos
viera, y en la desesperación su corazón se detenga. No sabía lo que era mentir
y levantar el cuerpo de la abuela para que fingir que su muerte fue mientras todos dormíamos. Ella volvió a paterame, a darme golpes con los brazos, la abracé y lloramos juntos. Luego cada quien retornó a su recámara para forzar el sueño y dejar pasar el llanto.
Con los gritos de mis papás y su mamá al ver a la abuela, nuevamente comencé a saber, mientras mamá lloraba abrazada de mi prima, hermana, amiga y mujer.
Con los gritos de mis papás y su mamá al ver a la abuela, nuevamente comencé a saber, mientras mamá lloraba abrazada de mi prima, hermana, amiga y mujer.
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