Mis manos ya no te tocan
cuando lo hacen me destruyen,
así
como tu voz y los besos cerrados.
Me duele la cabeza de guardar lágrimas
los
ojos y la frente ancha no aguantan el calor de fiebre.
Te alejo y ya no puedo conmigo,
menos contigo.
Me deshago en celos de la tranquilidad con que vives
de los ojos que te miran y de los que te ignoran.
No aguanto tus letras, tu pasado
tus objetos que no son míos, ni tuyos
que vinieron de manos ajenas.
Tengo el vacío del universo negro
y el sol no me salva.
La noche me hunde
-las noches son los días en los que más te extraño-,
los sueños me despiertan
y tu voz, mi salvación,
se aleja.
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