17 abril, 2011

Retorno, por un día

Te soñé, con tanta textura que cuando despertaba, sin importar qué hora fuese, sólo exigía a mi mente retornar al sueño. Mi intención era escuchar tu voz, sentir tu mirada y risa, aquella que fue en algún momento hacedora de mi felicidad.

No hubo besos ni caricias, un diálogo poco trabajado, pero a pesar de los vaivenes de la vida, y esa realidad que ya no es nuestra, en tono suave al despedirme me contaste una vez más el secreto de Jaime y Blanca.

Aunque el final para ambos no fue destinado, en el barullo de la distancia había una esperanza. El problema vino después, cuando me persiguió todo el día tu recuerdo, y me metí a nuestras canciones, además de que mis dedos fueron tentados por tu número, pero mi voz iba a quedarse muda ante la tuya.

El día fue tuyo, como tantos otros que te dejé, y te dejaré. La luna se adueñó del cielo. Mañana comienza una vez más la rutina, y el cemento en nuestra historia.

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