08 febrero, 2010

Pedazos

Ella quería escribirle, pero no sabía como. Era su amigo, amigo íntimo (¡cada denominación que aparece!), lo que no era lo mismo que amigo con derecho, era íntimo porque así quedaron que sería.

Ella quería más, tal vez por eso pensaba qué escribirle. Él quería inspeccionar su cuerpo, eso también estaba claro. Eran dos mundos diferentes. Ella quería dejar de sentirse enamorada, interrumpir los sentimientos que le daban ilusiones, mientras él sólo reflejaba aquella nada que endurece vidas.

Cuando terminaba de escribir, él llegó al café. Se sentó frente suyo sin darle un beso ni en la mejilla. Ella se disculpó para ir al baño. Se sentó en la cubierta fría del inodoro, sacó la hoja del bolso y la cortó en pedazos. Miró al techo para que las lágrimas no resbalaran por sus mejillas, soltó el agua para disimular alguna acción dentro de la caseta, salió, se lavó las manos y retornó a la mesa.

La charla fue para intercambiar algunos libros. Dejaron el lugar apenas terminaron el café y con ello un papel que yacía como pedazos. Se fueron por caminos separados, esa noche era mejor dormir sola, aunque lo extrañaría más que cuando dormía a su lado. Él no tuvo objeciones, le esperaba bastante trabajo para el día siguiente.

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