06 octubre, 2010

Enadada

Una voz de unos labios desespera preguntas apenas comprendidas entre el juego distante del tiempo y espacio.

Unos oídos mudos se prestan la voz de los ojos para responderlas a modo de acercarse a ella.

Aunque en realidad los oídos no existieron, menos los ojos ni las intenciones.

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